La historia del cantón de Schwyz
De campesinos libres a la Suiza moderna
El cantón de Schwyz es mucho más que un pedazo de tierra entre el lago de Lucerna y los Alpes de Glaris. Es la cuna de la Confederación Suiza y dio nombre a todo el país. Su historia es la de un anhelo de libertad, de una gran habilidad estratégica y de la voluntad inquebrantable de un pueblo de montaña de decidir su propio destino.
Los inicios: monasterios y campesinos libres (siglos VIII–XIII)
Los primeros vestigios fiables de asentamientos humanos se remontan a la Edad del Bronce. La historia propiamente dicha comienza en la Alta Edad Media, cuando la zona se hallaba bajo la influencia de poderosos monasterios. El monasterio de Einsiedeln, fundado en 934, desempeñó un papel central. En los siglos XI y XII, los campesinos de Schwyz gozaban de una amplia libertad y dependían directamente del emperador. Esta inmediatez imperial se convertiría en el fundamento de la futura Confederación.
La Carta Federal: el nacimiento de Suiza (1291)
El 1 de agosto de 1291, fecha que hoy se celebra como fiesta nacional suiza, Schwyz, Uri y Unterwalden sellaron una alianza perpetua. La célebre Carta Federal se conserva en el Museo de la Carta Federal de Schwyz. La batalla de Morgarten, en 1315, en la que un pequeño contingente derrotó a un ejército de caballeros de los Habsburgo, se convirtió en mito fundacional y situó definitivamente a Schwyz en el mapa político de Europa.
Expansión y auge del poder (siglos XIV–XVI)
Tras la victoria de Morgarten, los habitantes de Schwyz ganaron confianza en sí mismos. El cantón se expandió y adquirió nuevos territorios, entre ellos la March, Einsiedeln, Küssnacht y partes de los actuales cantones de Glaris y San Galo. El servicio como mercenarios en ejércitos extranjeros, el llamado Reislaufen, se convirtió en un importante sector económico. La Landsgemeinde, la asamblea de todos los hombres aptos para las armas, era el corazón democrático de la política de Schwyz.
Reforma y Contrarreforma (siglos XVI–XVII)
Mientras la Reforma se extendía por buena parte de Suiza, Schwyz se mantuvo ostensiblemente católico. Esta fidelidad confesional marcó la historia del cantón durante siglos. Schwyz se convirtió en un centro de la Contrarreforma y mantuvo estrechas relaciones con España, Francia y los Estados Pontificios, lo que, sin embargo, también ahondó las divisiones dentro de la Confederación.
El fin del antiguo orden (1798–1815)
La Revolución francesa y la invasión de las tropas francesas en 1798 supusieron una profunda ruptura. La República Helvética abolió el antiguo orden y despojó de su poder a la Landsgemeinde. El Acta de Mediación de Napoleón, de 1803, y el Pacto Federal de 1815 trajeron una restauración parcial: Schwyz recuperó su autonomía interna, pero siguió formando parte de un entramado confederal más complejo.
La guerra del Sonderbund y el Estado federal (1847–1848)
Las tensiones entre los cantones católicos conservadores y los reformados liberales estallaron en la guerra del Sonderbund de 1847. Schwyz formaba parte del Sonderbund, cuya derrota tras solo 27 días resultó decisiva. En 1848 entró en vigor la nueva Constitución federal y la Landsgemeinde fue sustituida por un parlamento: una despedida simbólica del antiguo orden.
Industrialización y modernidad
La industrialización llegó a Schwyz más tarde y con menos intensidad que a otros cantones, y Schwyz mantuvo un carácter predominantemente agrícola. El turismo en torno al lago de Lucerna y en Einsiedeln se convirtió en un importante sector económico. En 1972, Schwyz fue uno de los últimos cantones en introducir el sufragio femenino.
Schwyz hoy: tradición y progreso
Hoy, el cantón de Schwyz es una parte próspera de la Suiza moderna, con más de 167 000 habitantes. Sus bajos tipos impositivos han atraído a numerosas empresas y particulares; al mismo tiempo, el cantón cuida sus tradiciones. La historia del cantón de Schwyz es la historia de Suiza en miniatura: una lucha por la libertad y la autodeterminación que no solo dio nombre a toda una nación, sino también los valores que siguen definiendo su identidad: libertad, federalismo e independencia.


