El Hölloch
210 kilómetros de oscuridad
Quien recorre en coche la carretera del valle del Muota pasa junto a una entrada discreta en la roca. Ningún cartel da idea de sus dimensiones. Y, sin embargo, aquí empieza una de las maravillas naturales más fascinantes de Europa: el Hölloch, un laberinto kárstico ramificado con más de 210 kilómetros de galerías conocidas, que se adentra en la montaña a lo largo de un desnivel de más de 1000 metros. Es el segundo sistema de cuevas más largo de Europa y el undécimo del mundo.
Esos 210 kilómetros equivalen a la distancia de Zúrich a Berna, ida y vuelta. Solo que este trayecto no discurre entre campos y pueblos, sino por estrechos pasos de roca, sobre lagos subterráneos y a través de galerías que se ramifican, descienden, se cruzan y a veces terminan en un silencio absoluto.
¿Qué hay detrás del nombre?
El nombre Hölloch suena amenazador, pero su origen es probablemente mucho más inocente. El espeleólogo Alfred Bögli lo hizo derivar de la palabra alemánica «hääl», que viene a significar resbaladizo o liso, una descripción muy acertada para los pasos de roca mojada. La población local pronuncia el nombre de la cueva «Helloch», lo que remite al antiguo término suizo alemán «Hell», con el que se designaba una cueva o un lugar sobrecogedor.
1875: un campesino con un farol
No fue un científico quien abrió el Hölloch al mundo, sino Alois Ulrich, un campesino de montaña del caserío de Stalden, en el valle del Muota, que en 1875 fue el primero en descender a la cueva con una escalera y un farol. Los habitantes del valle conocían la entrada desde siempre, pero nadie se había aventurado en su interior.
Las exploraciones sistemáticas comenzaron a partir de 1889. Con cada avance crecía el asombro: la cueva era más grande de lo que se pensaba, luego mucho más grande y, al final, inimaginablemente grande.
Acondicionamiento, inundación, olvido
A partir de 1905, una sociedad belgo-suiza emprendió el acondicionamiento turístico de la cueva. El Hölloch tuvo luz eléctrica antes que el propio valle del Muota. En el verano de 1906 se abrió al público el primer tramo, pero el éxito no llegó. En junio de 1910, una crecida destruyó toda la instalación eléctrica, y el Hölloch se sumió en un sueño de Bella Durmiente que duró treinta años.
En 1949, investigadores de la Société Suisse de Spéléologie retomaron los trabajos de topografía y los descubrimientos se sucedieron sin tregua. Lo que se conocía hasta entonces era solo una fracción del sistema real.
Diez días atrapados
El episodio que dio fama internacional al Hölloch no fue un triunfo, sino una emergencia. En 1952, una irrupción de agua sorprendió en lo más profundo de la cueva al pionero de la espeleología Alfred Bögli y a otros tres investigadores. Los cuatro hombres permanecieron atrapados durante diez días, hasta que por fin lograron salir por sus propios medios y, al llegar a la superficie, se encontraron con un revuelo mediático que no esperaban.
Un sistema que aún no se ha terminado de medir
En 2012, la red de galerías conocida superó la barrera de los 200 kilómetros. Hoy alcanza 210,2 kilómetros (datos de noviembre de 2022), con un desnivel de 1033 metros. Los investigadores siguen topografiando nuevos tramos. Especialmente atractiva resulta la posible conexión con el vecino sistema de Silberen: si llegara a demostrarse, el Hölloch crecería de golpe 38 kilómetros.
Descubrir el Hölloch
Desde 1995 se ofrecen visitas guiadas, desde el recorrido de iniciación de una hora hasta la expedición de varios días con noche en un vivac subterráneo. La entrada se encuentra en Muotathal, a pocos kilómetros de Schwyz, y se llega en transporte público con el autobús desde Schwyz o Brunnen. Es obligatorio reservar con antelación: por motivos de seguridad, no es posible entrar en la cueva sin reserva previa.
210 kilómetros de galerías, una historia de más de 150 años y una investigación que está lejos de concluir. En cualquier otro lugar, el Hölloch sería un emblema nacional. En el valle del Muota es, sencillamente, el Hölloch: un agujero en la montaña que es más grande que la propia montaña.


